viernes, 11 de enero de 2013

MISIÓN PARROQUIAL. 4 al 8 de Febrero de 2013







CREO EN DIOS PADRE, TODOPODEROSO





Heb
11:1-3
 





Ahora
bien, la fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de
las realidades que no se ven. Por ella nuestros antepasados fueron considerados
dignos de aprobación. Por la fe, comprendemos que la Palabra de Dios formó el
mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible.







Dios es nuestro Padre y creador de todo lo que
existe. Nuestra vida tiene sentido desde esa voluntad creadora y salvadora de
Dios y las cosas están hechas para ponerlas al servicio de lo que somos: hijos
de Dios. No existe la fatalidad ni estamos condicionados por los astros ni por
las demás creaturas.


                                      





      








Nos preguntamos ¿Quién
es Dios?
Podemos dar muchas definiciones y ponerle nombres. Afirmar cosas
que nuestra razón puede alcanzar. Pero en definitiva nunca podemos llegar a
decir con precisión desde nuestro razonamiento quién es Dios.






Es necesario que
él nos diga quién es. Y nos lo dijo. Se dijo a sí mismo en su Palabra (que no
es simplemente la Biblia), y esta Palabra es Jesús:


                                 



Hebreos 1, 1-2





 Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.













Desde Jesús
podemos acceder al Padre Dios. Efesios 2, 17-18. 





Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz par ustedes que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca. Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tgenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu  

















Acceso que es más
que un conocimiento de una idea, porque es un conocimiento “en el mismo Espíritu”,
es una experiencia de Dios


¿Qué es
necesario
entonces para conocer a Dios verdaderamente y experimentar su
amor? Tener fe en Jesús, que es quien nos revela el verdadero rostro de Dios. 






  
LA FE ES UNA
RESPUESTA DEL HOMBRE AL AMOR DE DIOS











Heb 11:4 Por
la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín, y por eso fue
reconocido como justo, como lo atestiguó el mismo Dios al aceptar sus dones. Y
por esa misma fe, él continúa hablando, aún después de su muerte.





IDEA: Leyendo el texto del libro del Génesis descubrimos que Abel ofreció
todo lo que tenía y no con un corazón mezquino, como lo hizo Caín. Por eso su
sacrificio fue acepto a Dios. Este bien provocó la envidia de Caín. Advertido
por Dios de que cambiara porque podría pecar, Caín no quiere escuchar a Dios
que le habla en la voz de su conciencia y se deja llevar por sus malos
sentimientos (Dios no me escucha, mi hermano es malo, por qué yo no tengo lo
que él tiene) y peca.





Puede ser que pensemos que la fe no nos sirve para nada porque no nos
aporta lo que nuestro deseo quiere. Entonces la fe es un camino sin salida
porque esperamos una respuesta mágica a nuestros auténticos deseos o caprichos.
Pero no estamos dispuestos a escuchar a un Padre que nos ama, no estamos
dispuestos a tener a Jesús como Maestro de nuestra vida. Esto no es un camino
de fe siquiera personal, porque no se trata de buscar a Dios sino que Dios debe
someterse a nuestra voluntad.





Puede ser que pensemos que la fe sólo provoca divisiones entre los hombres.
Que es mejor vivir sólo de los buenos deseos y la honestidad de los hombres.
Identificamos el mal del corazón humano como una imposibilidad para encontrar
la bondad de Dios y el verdadero bien. Pero Dios habla a la conciencia del
hombre para que obre el bien, y si no lo hace, es porque desobedece la voz de
Dios. Sin embargo, por la fe, todo hombre puede responder con amor a Dios,
dándole lo mejor de sí.





a)    
¿Cómo son mis oraciones? ¿Las
hago?


b)    
Me siento reconfortado cuando
hago oración? ¿Siento que Dios me escucha, lo escucho a El?


c)     
¿ Me entrego a Dios o qué me
impide hacerlo?





2)     





 Heb 11:5 Por la fe, Enoc
fue llevado al cielo sin pasar por la muerte. Nadie pudo encontrarlo porque
Dios se lo llevó, y de él atestigua la Escritura que antes de ser llevado fue
agradable a Dios.





IDEA:
Enoc era agradable a Dios antes de ser llevado al cielo. Dios nuestro Padre no
nos trata como a títeres, sino que nosotros vamos forjando nuestra relación con
Dios, procurando responder a su amor y su elección. Esta relación es de
justicia. Dios premia al hombre bueno, y las obras de los malos no prosperarán.
Este pensamiento es para que reconozcamos que el bien tiene su premio, y que al
bien hemos sido llamados.





Lejos
de nosotros los sentimientos de venganza respecto de los malos. En todo caso,
el castigo de los malos debe hacernos saber que podemos dar un paso de
conversión si es que no hemos enderezando nuestros pasos según la Voluntad de
Dios. Muchos se dan cuenta de que no obran bien delante de Dios, pero sólo se
lamentan sin acercarse al amor de Dios.





a)    
¿Busco la Voluntad de Dios en la oración, en la
Palabra, en la práctica de mi fe?


b)    
¿Obedezco a la voz de mi conciencia cuando me dice
que tengo que acercarme a Dios, a la Iglesia?


c)     
¿Qué es lo que me impide dar un paso de mayor
cercanía con Dios?





3)    





ESCUCHAR
A DIOS





Heb 11:7 Por la fe, Noé, al ser advertido por Dios acerca
de lo que aún no se veía, animado de santo temor, construyó un arca para salvar
a su familia. Así, por esa misma fe, condenó al mundo y heredó la justicia que
viene de la fe.





IDEA:
Noé siguió las inspiraciones de Dios. No se dejó guiar por lo que la gente
decía o hacía. Todos vivían como si nada pasara, pero él, obediente por la fe,
vivía y hacía lo que Dios le indicaba. Así en el momento del juicio de Dios
sobre las cosas, él estaba a salvo en el arca junto con toda su familia. Su fe
fue también salvación para su familia.





Hoy
se nos plantea muchas miradas sobre la vida, sobre el bien, el mal, sobre la
Iglesia. Generalmente todas las ideas tienden a hacernos ver negativamente toda
verdad referida a Dios o que esté en relación con él. Terminamos pensando que
nada vale la pena y que es mejor seguir como estamos. A la vez, el pesimismo
nos gana y en vez de construir una sociedad mejor, de buscar fuerzas en Dios,
de cultivar nuestra vida espiritual; decidimos seguir como estamos sin escuchar
esa voz que nos dice que no todo esta bien, que lo que estamos haciendo no es
lo que precisamente tenemos que hacer.





Es
necesario escuchar a Dios.





a)    
¿Creo que puedo escuchar a Dios? ¿Qué experiencia
de su voz puedo compartir?


b)    
¿Qué pienso de las realidades que vivimos como
sociedad? Inseguridad, etc. ¿creo que Dios, nuestro Padre, interviene en esas
cosas que vivimos? ¿de qué manera?


c)     
¿Cómo podemos, los que decimos que escuchamos a
Dios, obrar para que se vea el bien y la verdad?





4)     





Heb 11:17-19:  Por la fe, Abraham, cuando fue puesto a
prueba, presentó a Isaac como ofrenda: él ofrecía a su hijo único, al heredero
de las promesas, a aquel de quien se había anunciado: De Isaac nacerá la
descendencia que llevará tu nombre. Y lo ofreció, porque pensaba que Dios tenía
poder, aun para resucitar a los muertos. Por eso recuperó a su hijo, y esto fue
como un símbolo.





IDEA:
Abraham obedeció a Dios aunque esto significara perder lo que más quería. A su
vez, su vida se transformó en un testimonio de la gran obra del amor de Dios:
El nos dio a su Hijo único para que todos tengamos vida.





La
obediencia de Abraham atrajo la bendición de Dios para toda la humanidad. Si él
no hubiera obedecido, aunque lo que Dios le pedía parecía contradecir lo mismo
que Dios le había prometido, no hubiera alcanzado para nosotros el don de la
Fe. La fe es un acto de confianza absoluta en Dios, pero es también un acto de
obediencia a Dios. Muchos decimos tener fe porque queremos a Dios como un
sentimiento; pero la Fe que obra el plan maravilloso de Dios sobre nuestra vida
es la fe que obedece la voz de Dios.





A
veces sentimos que Dios obra contradiciéndose, sobre todo cuando algo malo nos
ocurre, o sufrimos alguna injusticia. Otras veces tomamos decisiones por Dios.
Nos quedamos con algo, no renunciamos a alguien, obramos tal o cual cosa. Hasta
armamos planes con cada detalle. No queremos obedecer a Dios. Abraham creyó y
por eso obró.





El
Plan de Dios requiere que nosotros, cada uno, asuma el lugar como persona y
como comunidad para responder a la obra de Dios








-         
¿Cuáles son las acciones pastorales que son
siempre permanentes, que no se deben perder en la nueva evangelización? Ej.
Catequesis de iniciación para los sacramentos.


-         
¿Cuáles son las necesidades religiosas de las
personas que no se atienden, o se atienden insuficientemente?


-         
¿Cuáles de esas acciones son más específicas
del sacerdote y cuáles las podría cumplir un bautizado?
















lunes, 31 de diciembre de 2012

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS



La liturgia de la Palabra de esta gran Solemnidad comienza con una bendición. En el libro de los Números está la bendición que por boca de Moisés recibió Aarón para dar a los israelitas. Esta gran bendición que proviene de los labios del Señor según las Escrituras es el marco de esta celebración de la maternidad divina de María.



La Carta a los Gálatas del Apóstol San Pablo extiende esta bendición a todos los hijos de Dios, a todos nosotros, por el hecho de mismo de la maternidad de María. Lo que era un deseo y bendición de palabra en el libro de los Números, ahora se ha convertido en una bendición de la Palabra en el Nuevo Testamento. San Pablo ve que la maternidad de María ha traido una bendición incomparable. Ya no como deseo, ni siquiera como el hecho mismo de la maternidad, sino porque cuando Dios se hizo hombre y quiso nacer como nacemos los hombres, introdujo la bendición en el seno mismo de nuestra humanidad. Jesús hombre es bendición divina porque es Dios. Y así, la naturaleza humana se ha hecho bendición divina. Una gran puerta ha quedado abierta.





Lo que los pastores de Belén que fueron al pesebre contaban tan entusiasmados y asombraba a María misma, generó una alegría y una conciencia de bendición que no tenía fin. María misma se dio cuenta de que su maternidad era el motivo del asombro. Tanto por el fruto como por la Madre. Por el fruto porque es Jesús, el Hijo de Dios vivo y hermano nuestro; por la madre porque de una mujer, una de nuestra raza, se concretó la obra de bendición divina. Es inseparable la unión entre la maternidad de María y el fruto de sus entrañas. Jesús no fue un ser extraño en el vientre de un vientre "sustituto". Sin que fue auténticamente hijo de esta Madre.



Lo que viene del Cielo ahora se revierte en bendición para siempre. En Cristo, nacido de María, cada vida humana toma su valor. Ya no valemos por una cuestión moral: si somos buenos o  malos. No valemos por una cuestión de derechos. Sino que valemos porque Dios no sólo nos creó sino que quiso entrar en el mundo por el vientre de una mujer. Quiso hacernos capaces de El. Cuando escuchamos que no podemos perdonar "porque no somos Dios", o nos damos permiso para decir algo condenatorio de alguna persona humana, ¿de dónde sacamos esas palabras o esos juicios? ¿Quién no es capaz de Dios si Dios se hizo hombre? ¿Si la maternidad de la mujer ha sido la forma en que llegó la salvación al mundo? ¡Salve, llena de Gracia, por siempre venerada! ¡Salve, vaso precioso que contuviste el tesoro más grande del Cielo!¡Salve, Madre de Dios y Madre Nuestra!

sábado, 29 de diciembre de 2012

LA SAGRADA FAMILIA




La escena de Jesús perdido en Jerusalén, la preocupación de sus padres, el reproche de María y el final de ese episodio, donde Jesús crece junto a sus padres; nos da el momento justo para comprender por qué San Pablo dice en la carta a los Filipenses (Flp.2, 1-11) que el Señor "se anonadó a sí mismo". Y la frase queda chiquita al lado de todas las predicciones del Antiguo Testamento y de todo el relato de la concepción y nacimiento de Jesús más las viscisitudes que tuvo que pasar desde su primera infancia. La Palabra de Dios que ilumina esta realidad de la Familia de Jesús, José y María se conjuga en dos de experiencia cotidiana, y, para asombro, dos de experiencia de Dios: amor y familia. 





Esas dos, si el que está leyendo vive la realidad familiar con todo lo que es en el presente, la sentirá con gran fuerza. Sabe que su familia no subsistiría sin amor. Sabe, quizá, que su familia se hubiese mantenido unida si hubiera habido amor. Ambas personas, las que pasan por una experiencia feliz y las que pasan por una experiencia triste; descubren que el secreto de una familia está en el amor; y que el amor se vive en familia. 





Se pueden ver telenovelas por montones donde el amor es lo que pasa entre un varón y una mujer; y todos los líos que esa relación produce los efectos de la audiencia.  Pero todos saben que eso es sólo el comienzo de una realidad que incluye los hijos, que incluye todos los detalles de la vida, que incluye el modo de llevar adelante la relación humana entre los esposos y los hijos. La realidad del amor humano tiene por santuario la familia; ese espacio donde las vidas se entretejen en la experiencia auténtica del amor. Que le da la amplitud necesaria para hacer de la familia una experiencia gratificadora del corazón que anhela amar y ser amado. 







La Palabra del Señor, sin embargo, no deja de iluminarnos para comprender a dónde quiere llegar ese amor familiar, y cuál es la fuente anterior al simple amor humano que le permite alcanzar esa estabilidad y durabilidad que todos esperamos. Lo que pasó con Ana, madre de Samuel, que tuvo a su hijo y apenas lo destetó lo llevó al templo para consagrarlo al Señor suena fuerte. Ana sufría por no tener hijos, y cuando lo recibió de Dios (primera lección) lo cedió al Señor (segunda lección). Su amor era auténtico y amplio. Como mujer israelita sabía que no podía dejar sin herederos a su esposo Elcaná. Sufría porque no dejaría aquella descendencia de la que nacería el Mesías. A su deseo natural de ser esposa y madre, se sumaba el deseo sobrenatural de responder como hija de Dios. Pero ella no quería "arrancar" la vida como una propiedad. La esperaba de Dios porque sabía que El es el soberano creador y padre providente de donde proviene toda vida humana. Así, su oración persistente logró que engendrase a Samuel. Como mujer de fe sabía también que la vida de su hijo no le pertenecía. No era "su hijo" como una propiedad. Era un hijo de Dios y a El le pertenecía. Ella lo ofreció como un gesto de su amor de hija al Padre Dios. Su gratitud auténtica no la hizo poseedora del bien recibido, sino servidora de la vida. Poner a su hijo en manos de Dios era dejarlo vivir aquel plan que Dios tenía para con él sin proyectar ella su propio plan sobre su hijo.



Cuán grandes suenan las palabras del diálogo entre Jesús niño y su madre. La preocupación de sus padres, la respuesta desconcertante del hijo propia de un adolescente. Pero en el trasfondo, José y María no entienden lo que él les quiere decir. Quedan desconcertados. Una primera experiencia de que el hijo no está sólo en sus manos. Que su vida tomará un rumbo que ellos no podrán manejar. Este gesto de independencia de Jesús se revela en un gesto de auténtica dependencia: "¿No sabían que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?" El texto de San Lucas nos dice que Jesús vivía sometido a sus padres. Siguieron una vida familiar... marcada por una realidad más superior: la relación de Jesús con su Padre del Cielo. Esto puso equilibrio en la relación padres e hijo. Ahora José y María se ocuparían de él en todo lo que les tocaba, pero ya no podían volver a sentirse dueños de los caminos de Jesús. Ahora ellos también eran espectadores, sin dejar de ser padres. Ejercían autoridad sin desconocer la autoridad de Dios sobre su hijo. Tan pocas palabras, tan simple episodio, revela la profunda realidad de la familia humana. Y cuánto más, de la familia cristiana. 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

PESEBRE VIVIENTE


Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. (Lc. 2. 11)




El domingo 23 por la noche, se realizó el pesebre viviente, luego de varios días de ensayo y preparativos, con gran gozo se vivió esta hermosa actividad de representar los diferentes momentos de la histria de la salvación, al nacer Jesús, Luz para el mundo, Rey de reyes.


Distintas personas, entre ellas, adultos, jóvenes y niños, se ocuparon de transmitir el asombro y la alegría que vivieron esos humildes pastores, los ángeles del cielo, los reyes magos, parintes y los mismos San José y la Virgen María, al ser elegidos para este maravilloso plan de Dios Padre.




¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!









público expectante




luego de la anunciación, María visita a su prima Isabel 




María, José, Isabel y Zcarías




buscando posada






visita de los reyes magos a Herodes







nacimiento del Redentor del mundo







anuncio los pastores





adoración de los reyes magos al Niño Jesús









anuncio de la buena noticia al público






actores y lectores






















POSADA PARA NUESTRO REDENTOR


 En el marco de la novena de navidad, continuaron las actividades como preparación para el Nacimiento de nuestro Redentor. Aquí se ven más fotos de las posadas navideñas, que se fueron desarrollando durante los nueve días, visitando los hogares y reviviendo los momentos previos de José y María, antes del Nacimiento.


 


En la búsqueda de posada, los padres de Jesús, no encontraron enseguida lugar para el nacimiento de su Hijo. Pidiendo y explicando la situación de que la Virgen ya estaba por dar a luz, desearon encontrarse rápidamente con esa persona que sí, les mostraría, al fin, un lugar, donde en la intimidad con la Sagrada Familia, el Redentor del mundo, pudiera nacer.


                      


 


Es así, como hoy, el Señor. sigue buscando ese lugar, íntimo, humilde, sencillo para nacer cada día y manifestar toda su Gloria y Salvación. Es en el corazón de cada hombre donde desea encontrar albergue y poder nacer, para inundarnos con su Luz, con su Gracia y con su Misericordia infinita.                  


 


 


Que sea en nuestro hogar, en nuestra vida, en nuestro corazón, donde Jesús nazca, para poder permanecer por siempre allí y renovar nuestra fe en Él, para ser sus nuevos discípulos.